Hay quienes definen la suerte como ese instante exacto en el que la oportunidad y la preparación se cruzan. Durante mucho tiempo escuché esa frase sin darle demasiada importancia, hasta que mi propia experiencia profesional me demostró que no es una metáfora inspiracional: es una realidad que se repite más de lo que creemos.
En varias ocasiones he conseguido proyectos y trabajos gracias a oportunidades que, vistas desde fuera, podrían parecer simples golpes de suerte. Sin embargo, hoy quiero contar una historia específica: una oportunidad de trabajo remoto que nació aparentemente del azar, pero que solo fue posible gracias a años de preparación previa.
Todo comenzó un día cualquiera, mientras navegaba en un grupo de Facebook dedicado a compartir conocimientos sobre Vue.js. Como de costumbre, empecé a responder preguntas de desarrolladores más jóvenes, aclarando dudas técnicas sin ninguna expectativa más allá de aportar valor a la comunidad.
Entre los miembros del grupo se encontraba una reclutadora que, tras ver mis respuestas, decidió contactarme en privado. Estaba buscando desarrolladores con experiencia en Vue.js para una empresa de capital norteamericano llamada Virtual Mind. Yo no estaba buscando trabajo en ese momento, pero la conversación despertó mi curiosidad.
Decidí aplicar. El proceso fue largo y exigente: tres entrevistas y cuatro pruebas técnicas, en un esquema bastante burocrático que, honestamente, me fue desmotivando con el paso de las semanas. Todo esto mientras yo ya contaba con un buen empleo remoto en mi país y veía esta experiencia más como un ejercicio para medir el mercado que como una necesidad real.
Finalmente, quedé como finalista junto a un candidato de Colombia. Virtual Mind, debo decirlo, manejó el proceso con transparencia y comunicación constante. Sin embargo, había un problema inesperado: la firma del contrato debía realizarse en Miami y, aunque tenía visa vigente, mi pasaporte había expirado meses atrás. En plena pandemia, renovar documentos era prácticamente imposible.
Perdí la oportunidad. El candidato colombiano obtuvo la posición y yo seguí adelante con mis responsabilidades diarias, dando por cerrado ese capítulo. Así funcionan muchas historias profesionales: comienzan con entusiasmo y terminan en silencio.
Meses después, ocurrió algo que no estaba en mis planes. La misma reclutadora volvió a contactarme. Esta vez había una nueva vacante, pero como backend developer, en una empresa llamada Norte Verdadero, de capital argentino. Gracias a mi desempeño previo, ella ya tenía acceso a mis evaluaciones técnicas y el proceso sería mucho más simple.
Y así fue. Con algunas entrevistas adicionales, la empresa decidió apostar por mí. Hoy, casi cinco años después, sigo trabajando de forma remota en Norte Verdadero. Lo que parecía una oportunidad perdida terminó convirtiéndose en una carrera profesional sólida y de largo plazo.
¿Fue suerte? Sin duda, hubo circunstancias favorables. Pero también hubo años de preparación, de compartir conocimiento sin esperar nada a cambio y de estar dispuesto a ayudar cuando alguien lo necesita. Porque al final, la suerte puede tocar la puerta, pero solo la preparación decide si estamos listos para abrirla.
